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Dios nunca obliga al hombre a nada; y aunque Él podría perfectamente privarnos de actuar conforme a nuestra voluntad, Él prefiere, en cambio, que le rindamos nuestra voluntad. Él quiere voluntarios para Su servicio.

¿Qué es un voluntario? Una persona que se presta a hacer algo por voluntad propia y no por obligación. Ahora bien, ¿en qué consiste la voluntad? La voluntad reside en el alma del ser humano, que es el motor central de nuestro ser.

El alma se compone de tres elementos: el intelecto, las emociones y la voluntad. La interacción de estos tres elementos compositivos del alma es la siguiente: el intelecto actúa sobre las emociones, y éstas últimas ejercen presión, a su vez, sobre la voluntad.

DIOS NO OBLIGA AL SERVICIO

Y, de la misma manera como Dios no nos obliga a ser salvos, tampoco nos obliga a servirle. Él nos pregunta si queremos hacerlo, como ilustra la pregunta que hace el Señor al profeta Isaías: “¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?”.

Ante tal demanda divina, el hombre tiene dos opciones muy simples: aceptar y acatar, o negarse a cumplir. No obstante, una extraña y muy frecuente reacción de los creyentes ante un llamado como éste estriba en negociar con Dios y condicionarle su servicio. Esto proviene de un serio problema: muchas veces no entendemos quién es Dios y quiénes somos nosotros.

Las características del voluntariado

Características que rodean a un voluntario, leemos:

1) esforzado; 2) valiente; 3) convencido; 4) paciente y sumiso; 5) dispuesto y decidido.

1. Esfuerzo. La persona esforzada infunde ánimo a los que le rodean. Cuando la congregación ve que su pastor no baja los brazos ante la adversidad, y mantiene una actitud positiva ante todas las circunstancias negativas, esto es una fuente de aliento para ella.

2. Valentía. Ser valiente significa: ser eficaz y activo en la línea física o moralmente hablando. La valentía se declina en eficacia y en acción. Cierto es que no existe nada peor que un líder perezoso o amedrentado.

En Éxodo 14, leemos que el pueblo de Israel se hallaba en una posición de peligro y sin escapatoria: el Mar Rojo enfrente, detrás los egipcios, y a los lados las montañas. Dios todavía no le había revelado a Moisés que abriría el mar, mas este le dijo a la congregación en una poderosa declaración de fe:

No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros; porque estos egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis(Éx. 14:13). Moisés nunca mostró su temor al pueblo, sino que fue a la presencia de Dios a pedir auxilio.

3. Convicción. Una convicción estriba en una idea fuertemente adherida a uno. Dios nos salvó para que llegáramos un día al cielo, y nos equipó con todos los elementos necesarios para resistir cualquier ataque del ene- migo en contra nuestra. La persona que regresa al mundo, es porque ha vivido el Evangelio como una religión más, pero nunca como una convicción nacida y anclada en la revelación divina.

La persona convencida no se deja llevar por líderes farsantes o vientos de doctrinas nuevas que intentan cambiar la revelación que ha recibido de Dios. La oveja reconoce la voz de Dios y no la de los extraños, la cual Dios ratifica por medio de su Espíritu Santo (Ro. 8:16).

Nuestra convicción atañe también a la Palabra de Dios y a Sus promesas. En efecto, si bien el hombre puede mentir, las Escrituras aseveran que es imposible que Dios mienta (Heb. 6:17-18).

Por consiguiente, ¿cómo no vamos a asirnos de esa Palabra divina y de esas preciosas promesas?

4. Paciencia y sumisión. Refiriéndonos a Jesús: “Y aunque era hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen; y fue declarado por Dios sumo sacerdote según el orden de Melquisedec(Heb. 5:8- 10).

Hay gente que tiene fiebre de púlpito, pero nunca ha pagado el alto precio que esto requiere.

5. Disposición y decisión. El voluntario tiene dos últimas características: es dispuesto y dedicado. La persona dispuesta cumple sin rechinar las órdenes que recibe, por cuanto se le ha delegado autoridad para cumplir con las mismas. La disposición va a la par también con ser diligente a la hora de realizar las cosas, lo mejor posible.

La disposición es, pues la clave del secreto para el triunfo de una vida dedicada al servicio. Por último, el carácter dedicado es imprescindible para llevar a cabo lo que Dios nos pide; por cuanto hace que nos proyectarnos hacia la meta, vislumbrar los triunfos y el logro antes de que sucedan. El apóstol Pablo expresó esa misma idea: “Hermanos míos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús(Fil. 3:13-14).

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