Mose* es un hombre de piel oscura, de mediana edad, con una cálida sonrisa. Vive y trabaja en una región dominada por los musulmanes en el este de África. Es un lugar hermoso, pero el ambiente puede ser un poco implacable. Los cristianos aquí se enfrentan a mucha hostilidad. Pero Mose es un hombre con una misión. Dios le dio la carga de compartir el Evangelio con sus vecinos musulmanes y cuidar de aquellos que llegan a la fe en Cristo. Pero esta misión ha llegado a convertirse en un sacrificio personal inimaginable, tal como nos cuenta.

“En 2008 conocí a un hombre llamado Hussein. Después de predicarle el Evangelio, se convirtió. Luego pidió nuestra ayuda para llevar el Evangelio a un imán, Ismael, quien también se convirtió a Cristo. Cuando los musulmanes de esta gran región querían matar a Ismael, nos lo llevamos con nosotros. Como consecuencia, también hemos recibido amenazas de muerte. Una persona me llamó y me dijo: ‘Me han pagado para matarte y voy a hacerlo’”.

Mose seguía discipulando a Ismael y un año después llegaron musulmanes a su casa. No le encontraron ahí, pero sí a su hija y se produjo la peor de las escenas. “La mataron y tiraron su cuerpo a un arbusto donde personas de la iglesia la encontraron. Aquello fue muy difícil para nosotros. Era nuestra hija primogénita. Lo encontramos tan difícil de digerir, que la mataran de una manera tan brutal”.

Aquello llevó a Mose y su esposa a una profunda crisis que tenía el potencial de terminar con su misión y la carga que Dios puso en ellos en su día. “Fue uno de los desafíos más grandes que tuvimos que enfrentar en el ministerio. Pero pedimos al Señor fortaleza. Y como puedes ver, estamos todavía en el campo de trabajo, predicando el Evangelio”.

Mose asistió al curso teológico de tres años financiado por Puertas Abiertas, así como al seminario “Firmes en la Tormenta” de preparación ante la persecución, y también a uno de nuestros cursos interculturales enfocados en el evangelismo. “Todos estos cursos dieron fuerza a mi trabajo”, comparte Mose.

Hoy en día forma parte de una red de pastores que han pasado por nuestra formación y han sido equipados e inspirados para cuidar adecuadamente a los cristianos de trasfondo musulmán a pesar de lo peligroso que puede resultar a veces. “Estamos agradecidos a Dios por Puertas Abiertas, por poner a nuestra disposición los recursos para este trabajo”, concluye.

“Ahora mi iglesia prospera y ya no tiene miedo”

Uno de los propósitos de Puertas Abiertas es hacerles comprender que discipular a cristianos de trasfondo musulmán no solo significa apoyarlos en su viaje espiritual, sino también ayudarles a encontrar otra forma de ganarse la vida. Esto es parte del discipulado del que no pueden rehuir.

Raymond*, también convertido del islam al cristianismo puede testificar de la importancia de esta realidad: “muchos cristianos de trasfondo musulmán vuelven al islam debido a los medios de vida. Después de mi conversión, la gente planeó atraparme y acabar conmigo. Mi familia también me expulsó. Me vi obligado a huir. En el proceso también perdí mi ingreso.

Después de una larga búsqueda para ganarme un sueldo, Dios me abrió un camino para empezar una cantera. Como sé lo duro que es eso, decidí que aquello podría ser una manera de conseguir trabajo también para otros cristianos de trasfondo musulmán como yo. Con lo que ganan aquí pueden pagar su alquiler, comida y otros costos”.

Emmanuel*, otro pastor de la red de formación de Puertas Abiertas en la zona, dice que los programas han cambiado su vida y ahora trabaja con su iglesia para ayudar a cristianos convertidos del islam a buscar un medio de ingresos. “Primero, Puertas Abiertas nos enseñó a unos pocos de nosotros sobre grupos de autoayuda. Después de la formación volví y lo introduje en mi iglesia.

Empezamos un grupo de autoayuda con doce personas. Esto me ayudó a comprar una parcela. Después le añadí tierra y ahora crio ganado, cabras y pollos. Desde entonces empecé dos grupos más. Algunos miembros de los grupos han podido establecer sus propios negocios o expandir negocios ya existentes. Ahora mi iglesia y sus miembros están prosperando y ya no tienen miedo. Incluso nos fue posible comprar un terreno para la iglesia”.

Las siguientes palabras de Emmanuel nos llenan aún más de alegría porque confirmar el fruto del arduo trabajo de formación de Puertas Abiertas en la región: “Ya no existe ningún motivo para volver al islam para los convertidos por esas dificultades… Ya no tenemos miedo o nos preguntamos qué hacer para ayudar a los cristianos de trasfondo musulmán”.