El Predicador de Almas Perdidas

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A finales del siglo XVIII Jacob Albright desarrolló una labor evangelística intensa y extensa en Pensilvania. Firme en la proclamación de la Palabra de Dios, obedeció el llamado del Señor y durante doce años difundió la sana doctrina.

Hijo de inmigrantes alemanes, Jacob Albright siguió el llamado de Dios, a finales del siglo XVIII, para predicarles a sus vecinos de Pensilvania sobre la gracia salvadora de Cristo. En los doce años que duró su ministerio escaló colinas, recorrió valles y atravesó bosques en busca de ovejas perdidas. Su labor evangelística fue intensa y extensa. Potente en la proclamación del Evangelio, dejó una enorme herencia espiritual.

Nacido el 1 de mayo de 1759, en la comunidad estadounidense de Fox Hill, ubicada a alrededor de cinco kilómetros al norte de la actual ciudad de Pottstown, fue uno de los nueve hijos de los creyentes John y Anna Albright, oriundos de la región del Palatinado, quienes formaban parte de la iglesia luterana del municipio de New Hanover. En su niñez, con el apoyo de la congregación a la que asistían sus padres, estudió las Escrituras.

En 1785, se casó con la hermana Catherine Cope. La pareja se instaló en una granja del municipio de West Cocalico, situado al este de la actual comunidad de Ephrata,
donde se convirtió no solo en agricultor, sino también en un próspero fabricante de tejas. Albright llegó a ser conocido como “el trabajador honrado”. Una epidemia de disentería, producida en 1790, que mató a tres de sus hijos, lo llevó a los brazos del Creador.
El reverendo Anthony Houtz dirigió el funeral de los retoños del siervo Jacob. En su mensaje, el portavoz de la Palabra puso énfasis en el arrepentimiento y la conversión de las personas que no conocían al Salvador. El futuro predicador fue impactado cuando se reveló el consuelo que el Altísimo ofrece a los seres afligidos por el dolor. De inmediato, se sintió impulsado a buscar el perdón celestial y la redención por la fe.

LLAMADO DE CRISTO

A pesar de su genuino deseo, no pudo encontrar la paz de Dios que buscaba hasta que charló acerca de su anhelo con el misionero Adam Riegel. El resultado de esta conversación, y de encuentros posteriores, se manifestó con una profunda transformación de su vida.

Entonces, comenzó a asistir a reuniones cristianas, organizadas en el hogar de su vecino Isaac Davies, en las que aprendió a orar y escudriñó la Biblia con avidez.

Albright notó la falta de la doctrina verdadera del Redentor en la comunidad alemana de Pensilvania. Oró, de forma constante, para que sus miembros pudieran convertirse a una verdadera vida de piedad.

Hasta que un día, cuando suplicaba al Altísimo, sintió que Jehová lo estaba llamando para que evangelizara a los apóstatas. Sin embargo, al principio de su misión, le pareció que no tenía la habilidad para predicar las buenas nuevas. Luego, una grave enfermedad se apoderó de su vida y pasó mucho tiempo en oración y meditación. Mientras estudiaba las Sagradas Escrituras y asimilaba sus enseñanzas, se sintió desafiado a responder al llamado de Jesucristo. ç

En 1796, con el objetivo de evangelizar a los inmigrantes germanos, comenzó a viajar por varios condados aledaños a su casa y difundió el mensaje del Mesías dondequiera que encontró la oportunidad. Una de sus primeras predicaciones se concretó en la localidad de Schaefferstown, asentada a treinta y dos kilómetros al oeste de su granja. El 8 de octubre de 1797, un grupo nutrido de almas se reunió para escucharlo.

Los servicios continuaron durante varios días. En una ocasión, la asistencia fue tan grande que muchos fieles no pudieron entrar al lugar donde se llevaba a cabo los cultos. Con sus intervenciones tocó los corazones de muchos.

LABOR MISIONERA

Un año después, en una visita de regreso a Schaefferstown, en el momento de la realización de una feria agrícola, difundió nuevamente la verdad de Dios. Pero, por desgracia, en esta ocasión una multitud de idólatras y paganos lo hirió de gravedad y debido a ello tuvo que huir, montando en su caballo, hacia la casa del hermano Jacob Zentmoyer, un siervo bondadoso, a donde llegó con las ropas rotas y la cara ensangrentada.

Tras este penoso incidente, continuó su ministerio mientras el Señor lo animaba. Sus viajes lo llevaron a través de todos los pueblos del este de Pensilvania donde se habían asentado los colonos alemanes, y también a Maryland y Virginia. Sus prédicas eran reveladoras e impactantes.

Tenía la capacidad de hablar con claridad sobre el juicio del Creador contra el pecado. Sus mensajes siempre incluyeron el camino de la salvación. El hermano Albright ponderó una real experiencia cristiana por encima de una mera adhesión a los dogmas de la religión. En más de una ocasión, recalcó que un seguidor del Mesías debía vivir para Dios no solo cuando está en el templo, sino también durante la semana en casa y en el trabajo.

Su repudio público a los juegos de azar, el alcohol, el engaño y las festividades impías le trajeron persecución y oposición. Al inicio de su trabajo evangelístico, el pastor Jacob no intentó organizar a su rebaño en ningún tipo de grupo o iglesia. Su objetivo era predicar lo que creía que era la verdad. De forma permanente, exhortó a sus ovejas a orar, alabar y a estudiar la Biblia.

Después de cuatro años de labor misionera, se dio cuenta de que necesitaba una organización más formal si deseaba sinceramente fortalecer y robustecer a las almas que había ganado. En 1800, organizó su primera congregación en el condado de Bucks, en una comunidad conocida como Rock Hill, ubicada a cinco kilómetros de la localidad de Quakertown. Estuvo compuesta solo por Charles Bissey y su esposa, Peter Walter, su cónyuge y su familia.

Allí se marcó el comienzo de un nuevo concilio llamado la Asociación Evangélica. Después, estableció una en el condado de Berks y otra en el municipio de Hamilton del condado de Monroe.

CONVERSIÓN DE LOS PECADORES

Tras la fundación de las tres obras, se generó el deseo de que todos los líderes y miembros se reúnan entre sí. Esto resultó en una serie de “grandes reuniones”. La primera se realizó, en el hogar de Samuel Liesser, en 1802. efectuó una segunda “gran reunión”, en la casa de John Thomas, en el condado de Mifflin donde se congregaron mil personas. Estas reuniones buscaban llevar a los pecadores a la conversión.

En noviembre de 1803, luego de formar congregaciones adicionales, fue reconocido, en una reunión general de su flamante organización, como predicador habitual. Durante este congreso se declaró además que las Sagradas Escrituras eran la base de la fe. Los evangelistas a su cargo y él tuvieron ministerios itinerantes y desarrollaron sus actividades principalmente en áreas rurales. Jamás contaron con un salario y solo vivieron y viajaron por fe.

En los servicios de su denominación, se entonaba con entusiasmo canciones alemanas, se oraba en voz alta y se realizaba peticiones constantes al Señor por la salvación de los creyentes. Enfrentados con el mal, Albright y sus ovejas fueron catalogados de fanáticos, hipócritas y locos por tal motivo. No obstante, fueron los promotores de un avivamiento que sacudió gran parte de Pensilvania y coincidió con el Segundo Gran Despertar.

En el tramo final de su historia, la tuberculosis atacó el cuerpo del predicador Jacob Albright. A pesar de esto, continuó viajando y predicando la Palabra de Dios. A medida que su salud se resquebrajó, pasó más tiempo en meditación y oración.

Con frecuencia, cantó himnos y alabanzas para adorar a Jesús. En todo momento, en su alforja incluyó una Biblia, que a menudo estudió mientras cabalgaba. Y preparó siempre sus mensajes. El 18 de mayo de 1808, a la edad de cuarenta  y nueve años, dejó de existir. Días antes, sostenido por el Creador, había asistido a dos reuniones
generales de su congregación. En la primera, realizada en Berks, en la casa de John Brobst, brindó a sus colaboradores sus asignaciones por última vez. En la
segunda, efectuada en el condado de Dauphin, en el hogar de Peter Raidabaugh, no pudo predicar a causa del estado avanzado de su enfermedad.

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